Mar adentro

Abro la puerta del presidio y cada molécula de oxígeno es una minúscula atmósfera opresiva que me apremia. Sólo comparable al instinto sexual. No hay coito en esta desnudez. No hay Lourdes a la que peregrinar dentro de este infierno.

Camino descalzo sobre clavos, te dejo el rumbo marcado con los negros jirones cortados en las plantas de mis pies. Extractos del mapa, para cuando llegues. Me descoso el alma. Para cuando me busques. Lentamente en cruz por el pasillo que lleva al baño tocando las paredes con las puntas de los dedos. No hay tacto en estas manos. Sólo grietas. Un impulso neuronal clava las uñas en el gotelé. No hay comprensión en este asilo. Sólo exigencia. Compulsión. Arranco con los dientes las sangrantes cutículas. No hay regeneración celular en este glacial. Sólo quemazón de piel. Sólo distorsión mental.

Pinto los muros con una fina raya carmesí. Mi electrocardiograma. Mi constante vital. Dibujo con las yemas escenas bíblicas sobre el lienzo de hormigón. Salmos con los nombres que me han abandonado. Aprieto. Hiero. Fuerzo la salida de la tinta. No hay lengua noble en este manuscrito. Sólo símbolos paganos. La mueca de una demente y sórdida sonrisa franquea mi paso a la entrada del baño. El gato de Cheshire ronronea entre mis piernas alzando el rabo. Meloso. Cierto. Una dentadura biliosa me muerde hasta el hueso en la espalda sorbiendo de la espina dorsal. Drena mi esencia en esta oscuridad.

Me arrodilla ante vosotros. No hay redención en este Vía Crucis. Sólo desafecto. Espinas hiriendo la frente, mancillando lo pálido de mi perfil. De lo que debe haber sido. Crece esa atípica anemia en mi médula. No hay alquimia en este hospital clandestino. Sólo carcasas humanas colgadas del techo. Corre, deseo, corre, porque en esta Gomorra solo hay fuego y…azufre.

Podría empezar a morder la pared. Masticar la pintura y el cemento. Comérmelos en pequeños polvorones de cal. No hay digestión en este calvario. Sólo hinchazón de vísceras. Deformación. No hay alimento en este útero. Sólo apetito voraz.

En el espejo, dos ojos graffitteados. Como las estrellas fluorescentes que se pintan en el cuarto de un niño. Inyectados del linaje de Caín. Puedo ver a Nerón en mis propias pupilas. Dos pozos infinitos que escupen fuego a mi cara. Parpadeos que se me antojan guillotinas sobre una quijada ósea. Dos alas mitológicas me acunan levantándome del suelo. Sopla el bochorno que viene de la más alta montaña que tenemos hoy. Sierra mi nuca. Chorrea por mi garganta. Lija mi carne.

En el suelo pequeñas gotas del llanto purpúreo de un recién nacido. Mi cordón umbilical como una enredadera. Desparramo por las baldosas. Me disperso. No hay fertilidad en este páramo. Sólo ardiente arena. Sólo inmenso desierto.

Dentro de la cuna de porcelana, en esta cuna hirviente, encomiendo el rápido latigazo metálico a mi siniestra. Profundo. Y emano. Me derivo. Me origino al pecado original tiñendo este lecho termal. Buceo por un mar platónico hasta el más insondable abismo. Tiemblo. Palpita mi pulso sobre la última placa tectónica que queda en la tierra. Me diluyo espeso. Viscoso. Me mezclo con el agua sacando de mi paleta el color que nunca querrías ver. Somnoliento hasta dejar que mi humanidad termine de fluir. . . .

Una última reflexión para poder dejar algo más que mi rigidez me pregunta por qué. Para cuando vuelvas e inquieras, únicamente da un paso frente al horror. No hay respuesta en este vacío. Cuando des un grito que retumbe en el cielo, limítate a secar tu cuerpo con el mío. Sólo hay silencio en esta consciencia. Aliméntate.

Para cuando llores desde ahí arriba: mira mi rígida momia desde tu catatonia. Despierta y enfréntame.

Abre el témpano de mi mano. Recoge la cuchilla y sal, porque no hay doctrina ni explicación a este acto. Sólo consumación. No hay absolución en este rezo.

En esta plegaria…no…hay……NADA.


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painting dreams

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Las tardes desapacibles después de una mañana de calor.Me gusta mirar el estallido de la lluvia contigo.El cielo parece una naranja abierta por la mitad con los dedos.

Me gusta sentirme a refugio cuando el zumo sale escupido de súbito y choca contra la ciudad. Las nubes cambiando de forma como gajos estrujados ahí arriba.

Caldo ácido erosiona las máculas del alquitrán enfermo. La gente se pone las gafas de sol para que no le queme los ojos. Un ejército de soldadores a la carrera. Me gusta que sea intensa y fugaz. Diría que huidiza. Es algo que lo conecta todo. Me gusta que le recuerde a la gente que del esplendor a la marchitez media un tajo.

Somos dos pulpas exóticas saltando dentro de los charcos.Manchándolo todo de color.Me gusta sacar los fantasmas de tu tuétano.

Me gustan tus besos con sabor a mandarina.

Ciclo

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Anochezco en esa vieja espiral. Lo que hoy ha atraído vuestras miradas han sido los inaudibles aullidos de mi alma. La raza en mis ojos vedados por oscuro cristal. Extraña, firme, libre, flamígera. Quizá maldita. Quizá animal. Como siempre.

Por eso la camarera no ha permitido quedarse en simplemente ponerme el café. Por eso el hecho de comprar una barra de pan me es extraño a veces. Un sin fin de actos cotidianos se presentan ante mí. Un sin fin de conversaciones. De olores, de imágenes. Asisto a todo como si se tratase de una cadena de fotogramas. Una cadena de montaje.

Hasta que me toca a mí entrar en escena. Eso es lo difícil. Porque soy el bueno, el feo y el malo al mismo tiempo. Y el eco de mis disparos es atípico. Tienen un efecto boomerang que suele ser devastador en muy dispares aspectos pero a un nivel mil veces más elevado que el acostumbrado. Esa es la respuesta a algunos de vuestros correos electrónicos. A veces me aterroriza pensarlo. También por mí, mucho por mí. Es la marca que no permitirá que llegue a ese destino que entiendo como mío.

Cambio de ciclo, sí. Y,hoy,el crepúsculo me hace ser un bulímico energético. Nauseas de proyectar este insólito animal encarcelado tras la máscara social-evolutiva. No es de extrañar que el mejor polvo de mi vida fuese la noche antes de un día de eclipse. Creo que llegué a tocar sus entrañas. Esa parte de sus entrañas. Gritos en un orgasmo de selénico espíritu. Un mar de sudor cósmico. Cada gota perlada, destellos dentro de un diamante. Cuando lo pienso después de tantos años creo que ya no pudo verlo igual. Ya no pudo verme igual. Yo tampoco quise verme así. Aún me pasa eso a veces.

Y yo, sigo hechizado, muriendo y naciendo a ciclos. Es el sentido del grabado de mi cuerpo. Mi Fénix. Es mi humanidad, y tendré que hacer algo con ella. Veremos.

No pretendo que esto se entienda, pero el antiguo hormigueo en los dedos no me ha dejado en paz en toda la tarde.

Mañana el cielo dirá.